Cada 22 de octubre, en el pequeño pueblo de Kurama, al norte de Kioto, las calles se iluminan con un fuego ancestral. Hombres y jóvenes del lugar cargan antorchas encendidas que iluminan la oscuridad otoñal, en uno de los festivales más intensos y simbólicos de Japón: el Kurama no Hi Matsuri (鞍馬の火祭り), o “Festival del Fuego de Kurama”.
Si son seguidores de los articulos, veran que en anteriores oportunidades conocimos sobre el Matsuri, en esta ocacion conoceremos mas sobre esta tradicion del fuego de Kioto.
Historia
Sus orígenes se remontan al año 940 cuando la capital imperial se veía amenazada por disturbios y desastres naturales. Por ese motibo se construyo un santuario, hasta ese momento en el Palacio Imperial de Kioto. Según la tradición, el emperador Suzaku ordenó trasladar el espíritu guardián del Santuario Yuki-jinja al monte Kurama para proteger la región de los malos augurios.

Desde entonces, cada octubre los habitantes del pueblo encienden antorchas para guiar simbólicamente al dios y agradecerle por la protección otorgada.
Hoy en dia el festival nos recuerda el origen del santuario Yuki, y brinda a las purificación mediante el fuego y un fuerte sentido comunitario, el cual se ha mantenido vivo por más de mil años.
Tradición
Al caer la noche, las casas del pueblo colocan braseros frente a sus puertas, y las familias se reúnen con atuendos tradicionales. De pronto, un clamor atraviesa las montañas:
“Saireiya, sairyo!”, el canto ritual que anuncia el inicio de la procesión.

Los jóvenes cargan antorchas de más de dos metros de largo, algunas de ellas tan pesadas que requieren de varios hombres para sostenerlas. Mientras tanto, el fuego se eleva como un torrente luminoso, creando un paisaje de llamas en movimiento que nos hace regresar en el tiempo.
El fuego para los japoneses representa la presencia divina, la purificación de las almas y la renovación del vínculo entre los humanos y los kami 神 (dioses). Cada chispa que asciende al cielo simboliza una oración.
Festividades
La ceremonia principal se desarrolla alrededor del Santuario Yuki-jinja (結城神社,) , donde los monjes conducen rituales de purificación mientras la multitud se agrupa en las estrechas calles del pueblo.

Asimismo, aparecen los mikoshi —santuarios portátiles— que son transportados montaña abajo por los aldeanos. Les dejamos el articulo donde hablamos sobre los mikoshi . Los portadores, vestidos con taparrabos blancos (fundoshi), gritan y se empujan en medio del humo y el fuego.
Es un momento de fuerza, devoción y sincronía colectiva: el espíritu protector desciende simbólicamente hacia el pueblo, guiado por las antorchas.

El contraste entre la intensidad física del ritual y la serenidad espiritual de los monjes crea una experiencia sensorial única. Los visitantes suelen describirlo como una noche donde el pasado y el presente se tocan.
Recomendaciones para turistas
Les dejamos una serie de recomendaciones, para que se animen a visitar esta singular tradición.
- Llegar temprano: el acceso al pueblo es limitado. Se recomienda llegar a Kurama antes de las 17:00, ya que la estación puede cerrar por seguridad.
- Transporte: desde Kioto, se toma la línea Eizan hasta Kurama Station. Durante el festival, los trenes suelen estar llenos.
- Vestimenta: lleva abrigo (las noches de octubre son frías) y calzado cómodo para caminar por las empinadas calles del pueblo.
- Respeto local: evita bloquear el paso de los participantes y no utilices flash para fotografiar los rituales.
- Alojamiento: algunos viajeros optan por quedarse en ryokan (posadas tradicionales) en Kioto o en pueblos cercanos como Kibune.

Dato viajero: El festival se celebra aunque llueva, y conviene llegar con antelación, ya que el acceso se vuelve complicado conforme avanza la noche
Reflexión
En Japón, el fuego, es una símbolo de purificación, arde por unas pocas horas, pero deja una huella profunda en quienes lo contemplan. Su calor une a los aldeanos, a los viajeros, y a los dioses en un mismo espacio.

En el mundo actual, donde todo transcurre con rapidez , hay tradiciones como el Kurama no Hi Matsuri, que nos invitan a conocer mas de paisajes rodeados por montañanas y una espiritualidad representada a travez de la fe de su gente.
En octubre en este rincón del Japon antiguo, nos recuerda que lo sagrado puede seguir ardiendo, año tras año, bajo la misma luna que ilumina Kioto desde hace siglos.
