Cuando pensamos en Japón, la mayoría de las personas imagina las luces de Tokio, los templos de Kioto o el monte Fuji. Sin embargo, más allá de las rutas turísticas tradicionales, existe una región que guarda una riqueza natural, cultural e histórica sorprendente: Hokuriku (北陸地方).
Situada en la costa del mar de Japón, esta región se extiende entre majestuosas montañas y paisajes costeros, ofreciendo una experiencia auténtica y menos conocida del archipiélago nipón.
Historia
Hokuriku fue durante siglos un importante corredor comercial que conectaba el interior montañoso con el mar de Japón. Sus puertos permitían el comercio marítimo con otras regiones del archipiélago e incluso con Asia continental, mientras que sus caminos servían de vía para el transporte de arroz, sal y productos artesanales.
Durante el período Edo (1603–1868), el aislamiento de Hokuriku respecto a las grandes ciudades permitió conservar muchas tradiciones que en otras partes del país comenzaron a transformarse. Esto explica por qué hoy en día pueblos como Shirakawa-go, con sus famosas casas de techo de paja (gassho-zukuri), o zonas como Gokayama, han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Geografía
Hokuriku comprende principalmente las prefecturas de Toyama, Ishikawa, Fukui, y en ocasiones se incluye también Niigata. A pesar de su belleza, sigue siendo uno de los secretos mejor guardados de Japón, lo que la convierte en el destino ideal para quienes buscan tranquilidad, contacto con la naturaleza y una inmersión cultural profunda.

Con la extensión del Hokuriku Shinkansen, viajar a la región desde Tokio se ha vuelto más rápido y cómodo que nunca. En solo unas horas, los visitantes pueden dejar atrás el bullicio de la capital para encontrarse con pueblos tradicionales, paisajes nevados y una costa salpicada de pueblos pesqueros pintorescos.
Principales atractivos
Uno de los principales atractivos de Hokuriku es la ciudad de Kanazawa, en la prefectura de Ishikawa. Conocida como la «Pequeña Kioto», esta ciudad logró escapar de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, conservando su arquitectura feudal. El Jardín Kenrokuen, considerado uno de los tres más bellos de Japón, es una joya de paisajismo que refleja la estética japonesa en su máxima expresión.

Además, Kanazawa es famosa por su barrio de geishas, Higashi Chaya, donde aún pueden escucharse melodías tradicionales en antiguas casas de té. El arte también tiene un lugar importante en la ciudad gracias al Museo de Arte Contemporáneo del Siglo XXI, que fusiona la tradición con lo vanguardista.
Paisajes
El contraste entre el mar de Japón y los Alpes japoneses define el paisaje de Hokuriku. Durante el invierno, la región recibe algunas de las mayores nevadas del país, lo que la convierte en un paraíso para los amantes del esquí y los baños termales (onsen). La ciudad de Yuzawa, aunque técnicamente en Niigata, es una puerta de entrada a muchas estaciones de esquí de la zona.
En primavera y verano, los valles se llenan de arrozales brillantes y campos verdes, mientras que en otoño los bosques se tiñen de rojo y dorado. El Tateyama Kurobe Alpine Route, una ruta panorámica de montaña, ofrece vistas espectaculares de la naturaleza en todas las estaciones, destacando el famoso «corredor de nieve» con paredes blancas de hasta 20 metros de altura.
Gastronomía
La riqueza marina de Hokuriku es una de sus mayores joyas. Gracias a las aguas frías y ricas del mar de Japón, la región cuenta con pescados y mariscos de calidad excepcional. En invierno, destaca el kani (かに) o cangrejo de las nieves, considerado uno de los mejores del país. La ciudad de Toyama, por su parte, es conocida por el shiroebi (camarón blanco) y el calamar luminoso.

Los mercados locales, como el Omicho Ichiba en Kanazawa, permiten probar sushi fresco, ostras gigantes, erizos de mar y otros manjares del día. Para los curiosos, existen incluso experiencias gastronómicas tradicionales como el kaiseki ryori, una comida por pasos que celebra los ingredientes de la temporada.
Tradición
Hokuriku también es tierra de artesanos. En cada prefectura se conservan técnicas centenarias de cerámica, lacado, orfebrería y teñido textil. La ciudad de Wajima, por ejemplo, es reconocida por su laca japonesa (urushi) de altísima calidad. Además, en Fukui se encuentra una de las mayores concentraciones de templos zen y de forjas tradicionales de cuchillos y espadas.
Viajar a Hokuriku es una oportunidad para conectarse con un Japón más íntimo, lejos de las multitudes, donde la naturaleza y la tradición conviven en armonía. Si buscas una experiencia genuina, llena de paisajes majestuosos, historia viva y sabores inolvidables, Hokuriku te está esperando —entre montañas y mar— con los brazos abiertos.
