Las fiestas de fin de año (bōnenkai) y las reuniones familiares de Año Nuevo han sido la época en el que la gente suele beber más alcohol en Japón, pero el mercado interno de bebidas alcohólicas se ha ido reduciendo junto con la disminución de la población y los cambios constantes en los estilos de vida.
El consumo de bebidas alcohólicas per cápita fue de 75.4 litros en el año fiscal 2022, un 25% menos en comparación con el año pico de consumo en 1992, cuando la media fue de 101.8 litros.
Tokio fue la única prefectura en la que el consumo per cápita superó los 100 litros en el año fiscal 2022, con 102,9 litros.
Las demás prefecturas del área metropolitana de Tokio estaban todas por debajo de la media de consumo nacional; con Kanagawa con 66.2 litros, Saitama con 64.9 litros y Chiba con 63.7 litros.
La media más alta en Tokio parece reflejar su gran número de restaurantes y bares, con algunos trabajadores tomando una copa cerca de la oficina antes de volver a casa.

Otras prefecturas con un alto consumo per cápita fueron Toyama con 96.6 litros, Aomori con 94.1 litros, Kōchi con 91.9 litros y Akita con 91.1 litros. Mientras tanto, la prefectura con el consumo promedio más bajo fue Shiga, con 55.4 litros.
El desglose del consumo por categoría de bebida muestra que el consumo de cerveza alcanzó su punto máximo en términos de volumen de ventas en 1994, con 7.06 millones de kilolitros. El volumen disminuyó gradualmente a partir de entonces, cayendo por debajo del nivel de 1970 en 2009 y luego cayendo a solo 2.10 millones de kilolitros en 2021.
Sin embargo, esta disminución en el consumo de cerveza fue compensada por el aumento de los productos con sabor a cerveza, como el happōshu con bajo contenido de malta y las bebidas «tercera cerveza» sin malta, por lo que no se puede decir que los japoneses hayan perdido su afición por el sabor de la cerveza.
El consumo de sake en Japón ha disminuido significativamente a pesar de la atención que ha ido ganando la bebida en el extranjero, incluido el reciente reconocimiento por parte de la UNESCO de los conocimientos y técnicas tradicionales de elaboración de sake con el molde kōji como “patrimonio cultural inmaterial”. El consumo de sake en 2022 fue de solo 422,000 kilolitros, menos de un tercio del nivel de 1970, cuando ascendió a 1.57 millones de kilolitros.
